Hespéride reconocía en silencio lo que su corazón le gritaba, aunque su mente trataba de resistirse. Ese joven de cabellos níveos, endurecido por las tragedias de su linaje roto, era el héroe que necesitaba. Lo había buscado por años entre los rumores de aldeas y las sombras de castillos caídos, esperando encontrar a alguien con la fuerza suficiente para quebrar al titán que gobernaba sus vidas. Y ahora lo tenía frente a ella: rígido, distante, con un odio que ardía como hielo encendido, pero c