Al regresar a Krónica, la comitiva avanzó entre calles silenciosas. A diferencia del bullicio de la coronación y de la boda, ahora el reino contemplaba a sus monarcas con reverencia solemne. Horus cabalgaba al frente, recto, inescrutable, la mirada fija en la avenida que conducía a la plaza central. Hespéride avanzaba a su lado, imponente en su porte, con aquel velo oscuro que parecía moverse por voluntad propia. Detrás, los ocho niños se desplazaban en formación, tal como se les había instruid