El cuidado de los bebés se integró con naturalidad en la vida diaria del palacio y de la mansión del norte. Los tres pequeños permanecían la mayor parte del tiempo en la residencia real, atendidos por un grupo de doncellas escogidas por Hespéride. Aquellas mujeres se movían como una sola unidad, coordinadas, sigilosas, dedicadas por completo a los nuevos infantes. Las cunas, recién instaladas, estaban rodeadas de cortinas suaves, amuletos de protección y mantas bordadas con símbolos propios del linaje Khronos. Cada cuna abría el paso a un mundo tibio y armonioso donde los bebés descansaban sin interrupciones.
Atlas Grant era el más inquieto. Sus manos se flexionaban con fuerza y su respiración tenía un ritmo profundo. A veces parecía intentar incorporarse, como si su cuerpo ya buscara explorar. Excelso Grant dormía más que sus hermanos, pero cuando abría los ojos, seguía atentamente cada movimiento del entorno, con una curiosidad silenciosa que se manifestaba incluso en sus expresione