El cuidado de los bebés se integró con naturalidad en la vida diaria del palacio y de la mansión del norte. Los tres pequeños permanecían la mayor parte del tiempo en la residencia real, atendidos por un grupo de doncellas escogidas por Hespéride. Aquellas mujeres se movían como una sola unidad, coordinadas, sigilosas, dedicadas por completo a los nuevos infantes. Las cunas, recién instaladas, estaban rodeadas de cortinas suaves, amuletos de protección y mantas bordadas con símbolos propios del