La vida en Krónica continuó con un ritmo firme, sostenido por la organización que Horus y Hespéride establecieron en los días posteriores al hallazgo de los tres bebés. El rey mantuvo aquel secreto bajo resguardo inquebrantable. Solo Hespéride, las doncellas asignadas y un reducido círculo de absoluta confianza sabían la verdad. Para el resto del reino, los nuevos infantes eran pequeños huérfanos rescatados de los escombros de la guerra, protegidos por la benevolencia del rey. Nadie cuestionó esa versión. Nadie sospechó nada. En un mundo que apenas sanaba, cualquier niño salvado era visto como un acto de misericordia.
La administración del reino avanzó con un pulso sereno. Las cosechas crecían con abundancia gracias a los agricultores que recuperaron las tierras fértiles tras la caída del emperador. Horus ordenó la revisión de los canales de riego y las represas, asegurando un flujo constante de agua hacia las aldeas. Las orillas del río principal fueron reforzadas con piedra nueva y