Horus avanzaba por la ruta que se extendía desde las costas, acompañado por sus hombres, aquellos que habían sobrevivido a la guerra y habían expulsado a los imperiales del continente. El aire marino quedaba atrás mientras la línea del océano se reducía a un horizonte distante. El paso firme de la compañía resonaba sobre la tierra húmeda, marcando el inicio del retorno hacia el centro del continente, donde se reuniría con Hespéride y con el pueblo que ella guiaba desde la ciudadela.
El ejército marchaba con un ritmo distinto al que habían llevado durante las campañas. Ya no perseguían enemigos ni enfrentaban emboscadas. Caminaban hacia su futuro. La disciplina seguía presente, aunque suavizada por un aire de alivio. Muchos intercambiaban palabras breves, compartían recuerdos recientes, hablaban de las batallas libradas como si las cicatrices pudieran volverse más ligeras al pronunciarlas en voz baja. Las armaduras brillaban bajo el sol, aún marcadas por golpes, manchas de arena y bord