La guerra se desató con una violencia que ningún reino del continente había presenciado jamás. La unión de brujas, druidas, magos del rayo y guerreros rebeldes avanzó como una ola indetenible, arrasando con la primera línea imperial. Desde el cielo, las hechiceras de Hespéride lanzaban descargas de oscuridad y rayo magenta que explotaban contra los gigantes enemigos, desgarrando armaduras, carbonizando piel y desintegrando carne. Los druidas aparecían y desaparecían entre destellos blanquecinos