Los soldados, gigantes y demás imperiales buscaban a Horus por todo el vasto lugar sin llegar a encontrarlo. La tierra estaba húmeda por las lluvias recientes; las antorchas que portaban chispeaban cada vez que el agua que caía desde los tejados las alcanzaba. El viento soplaba fuerte y silbaba entre las grietas de las murallas, como si la misma noche fuera cómplice de la huida del enemigo.
—¿Dónde está el Khronos? —exclamó un gigante general con voz atronadora que se perdió en la tempestad—. N