Atlas estaba en su trono. Al no poder encontrar a la santa dorada en Atira, mandó a sus generales de expedición a encontrar los reinos élficos. Sin embargo, en esos años de búsqueda, no los habían encontrado. Malditas hadas de oreja larga. Eran demasiado buenos escondiéndose, ya hasta habían colmado su paciencia. Mes tras mes solo había fracaso. En el imperio, eso era imperdonable. Ni sus mejores rastreadores, ni su magia, ni nada hacían que encontrara a la santa de la luz, ni a los reinos élfi