Así, Horus en ese lapso ya cumpliría la mayoría de edad. Su campamento de refugiados se había convertido en una ciudadela con personas de muchos reinos, nobles y miembros de la realeza que habían huido como él. Los muros de madera que al principio solo eran defensas improvisadas se habían reforzado con piedra, levantadas con el sudor y la paciencia de quienes lo acompañaban. Calles estrechas y ordenadas se entrelazaban con plazas sencillas y en cada esquina se escuchaban voces que traían acento