Capítulo 12 El lapso

Así, Horus en ese lapso ya cumpliría la mayoría de edad. Su campamento de refugiados se había convertido en una ciudadela con personas de muchos reinos, nobles y miembros de la realeza que habían huido como él. Los muros de madera que al principio solo eran defensas improvisadas se habían reforzado con piedra, levantadas con el sudor y la paciencia de quienes lo acompañaban. Calles estrechas y ordenadas se entrelazaban con plazas sencillas y en cada esquina se escuchaban voces que traían acentos de tierras distantes. Era un refugio, pero también un crisol de memorias quebradas y de esperanzas encendidas.

Él había crecido; era alto por los genes de su madre elfa y fornido por los de su padre humano. Su cabello blanco no perdía su limpieza y pureza, ni haciendo labores de campo. Sus ojos grises reflejaban la luz y a los demás como un espejo impecable, como si nadie pudiera mirarlo sin sentir que se veía a sí mismo en el reflejo de ese brillo inmutable.

Se unía a los demás, como un habit
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