La consolidación de los reinos liberados no fue una tarea inmediata. La guerra había dejado cicatrices profundas: campos arrasados, familias separadas, cosechas destruidas y ciudades que eran apenas sombras de lo que alguna vez fueron. Pero bajo el estandarte de La Resistencia, cada uno de esos lugares comenzó a despertar de su letargo.
Némesis, aun bajo su máscara, no solo era un guerrero; era el eje sobre el cual todos los pueblos empezaban a girar. En Thalyra, la capital liberada, se estable