Pero Anthony no respondió. Simplemente lo observó, el juicio ya sellado en su mente.
—Te has condenado solo, James.
Y con esas palabras, Anthony dio media vuelta, dejando que el peso de los hechos cayera sobre su abuelo, quien ahora veía a su hijo con una mezcla de horror, tristeza y una devastadora sensación de traición.
La mansión Ross, antes un símbolo de poder y legado, ahora era el escenario de una verdad oscura y desgarradora que amenazaba con destruirlos a todos.
Anthony, con los ojos ll