—Vamos, Anthony... tírame a la piscina otra vez si eso te hace sentir mejor. Pero nada cambiará lo que has hecho. El daño ya está hecho.
Anthony apretó la mandíbula, su mente era un torbellino de emociones.
James se levantó lentamente, con su ropa aún empapada y su respiración entrecortada, pero su malicia no disminuía. Su voz, aunque debilitada, seguía siendo afilada como un cuchillo.
—Sofía y yo nos unimos para controlar la familia Ross —continuó, sus palabras ahora un veneno en los oídos de