Cinco años habían pasado desde aquel día en el que Katherine había decidido finalmente tomar control de su destino. Ahora, la casa de los Marsh estaba llena de risas y alegría mientras todos celebraban el quinto cumpleaños del pequeño que se había convertido en el corazón de la familia.
El niño, con su cabello negro rizado, ojos azules brillantes y piel blanca, corría por el jardín, riendo a carcajadas mientras sus tíos Oscar y Malcolm jugaban con él, persiguiéndolo con entusiasmo. Su abuelo St