Sofía caminaba por los pasillos de la mansión Ross, inquieta. Su mente estaba ocupada en los próximos movimientos que debía realizar para mantenerse un paso adelante de Anthony. Sabía que, tarde o temprano, todo podría desmoronarse si no se movía con cautela. Pero en ese momento, su celular comenzó a vibrar en su bolso. La pantalla mostraba un número que reconoció de inmediato: provenía de la antigua mansión Ross. Su corazón dio un vuelco.
Con nerviosismo, descolgó la llamada y llevó el teléfon