Al día siguiente, Katherine fue a visitar a su padre en el hospital. Había pasado noches sin dormir, preocupada por su salud, y ahora, al verlo más repuesto, una sensación de alivio la inundó. Aunque las ojeras marcaban su rostro, una leve sonrisa se dibujó en sus labios. Su padre, que había estado tan delicado, ahora parecía más fuerte, sentado en la cama, con un brillo de esperanza en los ojos.
—Papá —murmuró Katherine, tomando su mano—, te ves mucho mejor.
Su padre le apretó la mano con suav