La puerta del ático se cerró tras Katherine, y el silencio que siguió fue casi ensordecedor. Anthony permaneció quieto, su respiración pesada mientras miraba fijamente la puerta. La furia y la frustración hervían en su interior, mezcladas con algo más profundo: un miedo que apenas se atrevía a reconocer. El control, su arma más poderosa, parecía tambalearse frente a Katherine.
Caminó hacia la ventana y apretó los puños, observando las luces de la ciudad que se extendían más allá del horizonte.