El guardaespaldas avanzó hacia Katherine, su expresión implacable, pero ella se negó a dejarse intimidar. Con una voz firme, trató de hablar.
—¡No estoy intentando matarlo! —protestó, aunque su tono fue ahogado por la furia de Richard. Sin embargo, a pesar de su grito, la palabra "matar" resonaba en su mente como un eco aterrador.
Richard no la escuchó, continuando con su retórica cargada de acusaciones. —¿No te ha bastado con haber atentado contra su vida una vez? —dijo, su voz cargada de desp