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Capítulo 7. El secreto que lo cambio todo.

Chloe respiró hondo y, con un esfuerzo sobrehumano, logró estabilizar sus piernas. El mareo que la había hecho tambalearse momentos antes comenzaba a remitir, dejando atrás una sensación de debilidad que odiaba.

No podía permitirse ser débil, no frente a un hombre que devoraba a la gente como si fueran caramelos.

—El peligro ha pasado —murmuró Chloe, más para convencerse a sí misma que para informarle a él—. Julian se ha ido.

Ethan seguía allí, de pie, observándola con esa mirada indescifrable que parecía despojarla de todas sus capas. No llevaba más que su bata de seda negra y el cabello aún húmedo, pero irradiaba una autoridad que hacía que Chloe se sintiera pequeña, a pesar de su orgullo.

—Gracias, señor Harrison —dijo ella, forzando una voz firme y profesional—. No tiene idea de lo que ha hecho por mí esta noche. Le debo una, aunque espero que nuestras vidas no vuelvan a cruzarse de una manera tan… caótica.

Ethan esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos. Era una mueca cargada de ironía.

—No me agradezcas todavía, Chloe Sterling. En mi mundo, las deudas se cobran con intereses. Pero por ahora, me conformaré con que salgas de mi suite sin romper nada más.

Chloe asintió, ignorando el aguijón de su sarcasmo. Solo quería irse, llegar a un lugar seguro y llorar todo lo que no se había permitido llorar desde que vio a Julian con Amber en la gala. Se ajustó la gabardina, ocultando el vestido esmeralda manchado de vino, y comenzó a caminar hacia la puerta con pasos rápidos y nerviosos.

Sin embargo, el destino tenía otros planes.

Al pasar junto a la mesa de cristal donde Ethan había roto el vaso para fingir el accidente, Chloe tropezó ligeramente con el borde de la alfombra.

El movimiento brusco hizo que su bolso, que llevaba mal cerrado, se volcara hacia un lado. Varios objetos cayeron al suelo con ruidos sordos: sus llaves, un labial, y un sobre blanco doblado que ella había guardado con una mezcla de esperanza y terror.

Chloe se congeló. Su aliento se detuvo de inmediato al ver el sobre deslizarse por el suelo, deteniéndose justo a los pies descalzos de Ethan Harrison.

—Déjeme… yo lo recojo —dijo ella, abalanzándose hacia adelante con desesperación.

Pero Ethan fue más rápido. Con la agilidad de un depredador, se inclinó y tomó el papel antes de que los dedos temblorosos de Chloe pudieran rozarlo.

—Parece que se te ha caído algo importante —dijo él, su voz cargada de curiosidad.

—Démelo, por favor. Es privado —insistió Chloe, extendiendo la mano. Su rostro, estaba encendido por una mezcla de vergüenza y miedo.

Ethan no se lo devolvió. En lugar de eso, desdobló el papel con una templanza irritante. Sus ojos recorrieron las líneas impresas con rapidez. Chloe observó cómo la expresión de Harrison se transformaba.

Al principio, Ethan pensaba que Chloe era simplemente otra mujer frívola de la alta sociedad.

Una esposa aburrida que, quizás, había tenido una pelea con su marido y buscaba una forma dramática de llamar la atención o, peor aún, una mujer que intentaba escalar posiciones metiéndose en la cama del rival de su esposo.

Lo había visto mil veces: mujeres usando su vulnerabilidad como un arma de seducción.

Pero a medida que sus ojos se detenían en los términos médicos y los resultados finales, su cinismo se desmoronó.

"PRUEBA DE EMBARAZO: POSITIVO". "SEMANAS DE GESTACIÓN: 6".

El silencio en la habitación cambió de frecuencia. Ya no era un silencio tenso de persecución, sino uno pesado, cargado de una verdad brutal.

Ethan levantó la vista del papel y miró a Chloe. Ya no veía a la princesita de Julian Miller. Veía a una mujer que estaba librando una guerra en dos frentes: uno externo contra un marido traidor, y uno interno por la vida que llevaba dentro.

Su expresión se volvió compleja, una mezcla de sorpresa, una pizca de respeto y una frialdad nueva que Chloe no supo interpretar.

—Embarazada —dijo Ethan.

—No es asunto suyo —espetó Chloe, intentando arrebatarle el informe de las manos. Sus ojos brillaban con lágrimas de rabia—. Devuélvamelo. Ahora.

Ethan dio un paso atrás, manteniendo el papel fuera de su alcance. Su mirada se volvió álgida, analizando la situación con precisión.

—¿Julian lo sabe? —preguntó él.

Chloe soltó una carcajada amarga, una que nació desde lo más profundo de su dolor.

—¿Julian? Julian estaba demasiado ocupado empujándome contra una mesa para salvar a su amante como para preocuparse por si yo tenía algo que decirle. No, él no lo sabe. Y no quiero que lo sepa nunca. Ese hombre no merece ser el padre de nada, y mucho menos de mi hijo.

Ethan la observó con una intensidad que hizo que Chloe quisiera encogerse. Por primera vez en su vida, Ethan Harrison sintió algo parecido a la empatía, aunque la enterró rápidamente bajo su armadura de hombre de negocios.

Él había visto cómo Julian se comportaba con Amber en las reuniones de los días anteriores. Había notado las miradas lujuriosas, la falta de profesionalismo y la forma en que Julian despreciaba a Chloe en sus conversaciones, refiriéndose a ella como "la carga heredada".

—Así que esto es lo que ocultabas —murmuró Ethan, su voz ahora más suave, pero no menos imponente—. Estás sola, embarazada, y tu marido está conspirando para declararte loca y quitarte tu herencia. Julian Miller es más despreciable de lo que pensaba, y créeme que mi opinión sobre él ya era bastante baja.

—Ya ha tenido su dosis de drama por una noche, señor Harrison —dijo Chloe, con la voz quebrada—. Ahora, por favor, deme mi informe y déjeme ir. Tengo que pensar qué voy a hacer.

Chloe volvió a intentar recuperar el papel, pero Ethan la detuvo poniéndole una mano en el hombro. Su agarre era firme, impidiéndole dar un paso más. El contacto quemaba a través de la tela de su gabardina.

—No vas a ir a ningún lado en este estado —sentenció Ethan—. Estás temblando, Chloe. Apenas puedes mantenerte en pie y tienes un informe médico que, si Julian descubre, usará como cadena para atarte a él para siempre o para obligarte a algo que no quieres.

—¿Y qué le importa a usted? —gritó ella, frustrada—. Usted no me conoce. Soy solo la esposa de un hombre con el que quiere hacer negocios.

—Precisamente por eso me importa —respondió Ethan, y sus ojos grises brillaron con una luz calculadora—. Julian Miller no solo es un traidor en su matrimonio; es un socio poco confiable. Un hombre que no puede mantener la lealtad en su propia casa, tarde o temprano me traicionará a mí también. Y yo no hago tratos con traidores.

Ethan guardó el informe de embarazo en el bolsillo de su bata, un gesto que Chloe interpretó como un robo.

—¡Devuélvamelo! ¡Es mi vida!

—A partir de ahora, Chloe Sterling, tu vida es un activo muy valioso —dijo Ethan, acortando la distancia entre ellos hasta que Chloe tuvo que inclinar la cabeza hacia atrás—. Entraste en mi habitación buscando refugio y me has entregado el arma perfecta para destruir a Julian. Pensé que eras una mujer frívola intentando seducirme, pero me equivoqué. Eres una mujer desesperada con un as bajo la manga.

Chloe lo miró con desconfianza.

—¿Qué quiere decir con eso?

—Quiero decir que si sales por esa puerta ahora mismo, Julian te atrapará —explicó Ethan con una calma aterradora—. Él tiene espías, tiene abogados y tiene la ambición de un hombre que no tiene nada que perder. Pero si te quedas… si aceptas mi ayuda, las reglas del juego cambian.

—¿Me está pidiendo que me quede? —preguntó ella, incrédula—. ¿En su habitación? ¿Después de lo que acaba de leer?

—Te estoy pidiendo que pienses —respondió Ethan—. Julian quiere tus acciones. Él quiere el legado de tu padre. Y ahora, si se entera de ese bebé, querrá el control absoluto sobre ti. Yo puedo ofrecerte algo que él no puede: protección real y la oportunidad de verlo caer desde lo más alto.

Ethan le tendió la mano, pero no para que la tomara como una damisela en apuros, sino como un socio que sella un pacto.

—Quédate esta noche. Descansa. Mañana por la mañana, hablaremos de negocios. Me entregarás las pruebas de la infidelidad de Julian y yo me encargaré de que no pueda tocarte ni a ti, ni a tu hijo.

Chloe miró la mano de Ethan y luego su rostro. Sabía que este hombre no era un santo. Sabía que Ethan Harrison siempre ganaba, y que su ayuda probablemente tendría un precio que ella aún no podía imaginar.

Pero al mirar hacia la puerta de la suite, recordó la imagen de Julian besando a Amber en el pasillo, y el dolor en su vientre le recordó que ya no luchaba solo por ella.

—¿Por qué me ayuda? —susurró ella.

Ethan se inclinó hacia su oído, y su voz le envió una sacudida por la espalda.

—Porque odio perder, Chloe. Y porque Julian Miller ha cometido el error de intentar robarle a la mujer equivocada… frente al hombre equivocado.

Chloe no tomó su mano, pero dejó de intentar irse. Se hundió en el sofá de la suite, agotada, derrotada y, sin embargo, con una extraña sensación de que, en medio del desastre, acababa de encontrar al aliado más peligroso del mundo.

Ethan la observó desde arriba, con el informe de embarazo aún en su bolsillo. Él ya no veía un problema; veía una oportunidad. Y mientras Chloe cerraba los ojos, rendida por el cansancio, Ethan Harrison ya estaba planeando cómo desmantelar el mundo de Julian Miller, pieza por pieza

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