CAPÍTULO VEINTICUATRO

—Serás mi esposa, no tengo nada que ocultar y tú tienes derecho a saber cosas como esas. Confianza mutua, ¿recuerdas? —me dijo con una seguridad que me dejó sin palabras.

Volví a mirar el celular, viendo la imagen de la pequeña Luna con sus ojos curiosos y su sonrisa inocente. Me sentí extraña sosteniendo algo tan personal, como si por un momento me estuviera adentrando en un pedazo de la vida de Erik que él no compartía fácilmente con nadie. Pero ahí estaba, entregándomelo sin reservas, como s
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