Una voz modulada sonaba distorsionada, dando vueltas en la mente de Valeria. El miedo y la ansiedad la corroían mientras intentaba despertar entre el olor a desinfectante y el frío que le calaba los huesos. Los esfuerzos físicos le resultaban imposibles porque, aunque trataba de abrir los ojos, su cabeza era todo un torbellino de pensamientos intrusivos y terroríficos.
Las náuseas y el asco la azotaron de nuevo, haciendo que, de manera imprudente, su cuerpo se doblara hacia adelante. Una de las