La boca de Nino se había abierto tanto que Valeria pensó tendría dificultad para que la cerrara de nuevo. La noticia de la complicidad entre la mujer llamada Rosella y Anya Myers no solo le había parecido una falta de respeto, sino que pensaba literalmente que Leónid debía tomar cartas en el asunto.
—Deberías cerrar la boca o de otro modo te quedarás así para siempre —la cara de Valeria mostraba total condescendencia respecto a la reacción de su amigo.
—Esa mujer ha sido capaz... ¿se puede ser más arpía? Con razón nunca me cayó bien, es una… —negó totalmente desconcertado. De pronto la miró y el asombro en su rostro alertó a Valeria—. ¿Y si fue esa mujer la causante del escándalo del sábado? Y, ¿Si todo fue orquestado por esas dos?
Valeria se levantó del sofá y caminó de un lado a otro con la mano en el pecho una sensación de asfixia la embargó como si fuese una ola.
—¡Dios mío! He tenido el enemigo dentro de la casa y pensé que era Leónid quien me estaba vigilando —lloró con la mano