—Pero ¿Qué coño te sucede mujer del demonio? —Leónid sacudió a Valeria del brazo con firmeza, pero de la manera más disimulada que pudo —. Esas no eran tus malditas líneas —la cubrió con su cuerpo tratando de que se notara como si se estuviesen besando apasionadamente.
—Solo estoy cumpliendo mi parte del contrato, Leónid —lo empujó tratando de apartarlo de encima.
No porque la estuviera lastimando, sino porque se había tomado ya tres copas de champan y su aroma la seducía sin siquiera quererlo.