La luz de los finísimos candelabros que colgaban del techo en la mansión Volkov, destellaban luces doradas sobre el salón donde se estaban festejando los tres meses de matrimonio que llevaban Valeria y Leónid. Cada pareja invitada traía un hermoso y costoso presente para agradar a los esposos con el asombro mal disimulado en sus expresiones.
La familia de Valeria ingresó por la puerta grande con sonrisas en sus rostros, ella se permitió tener un momento de honestidad para saludarlos y recibir e