La claridad se colaba por entre las rendijas de las persianas que adornaban las ventanas de la suite presidencial en el hotel de lujo Koenigshof. Leónid despertó con una sonrisa en los labios como quien se ganó la lotería, pero no le duró mucho tiempo al percatarse de que Valeria no se encontraba a su lado. En su lugar encontró solo seda fría.
Su primera reacción no fue de molestia, pensando en que pudiese estar en el baño o, trabajando. Se incorporó saliendo totalmente desnudo hacia la sala de