Valeria despertó en la cama del hotel sintiendo el frío vacío en la habitación. Estaba sola. Se levantó antes de que el sol asomara, vestida y lista para la batalla profesional, Leonid la esperaba con cara de pocos amigos en el salón de la suite, ya estaba en el teléfono. Colgó colocándolo en la mesa con un golpe seco, la frustración grabada en sus facciones.
—Draganov se echó para atrás con la cláusula. Ese maldito no quiere ceder. Si firmamos sin esa protección, el riesgo se dispara un veinti