A partir de esa noche, el club nocturno más exclusivo de Manhattan se convirtió en la verdadera residencia de Leonid. La mansión Volkov quedó abandonada, ese mausoleo lleno de recuerdos de Valeria que no podía soportar. En el club, bajo las luces de neón y el ritmo ensordecedor de la música electrónica, Leonid encontró su refugio. Anya Myers, sintiendo que su momento de gloria había regresado, se instaló a su lado como una reina, como su compañera. Ella no juzgaba sus excesos; al contrario, los