Peter Brennan se encontraba sentado en una silla con los ojos vendados; no podía negar que estaba asustado, pero la cuantiosa oferta que le había hecho la preciosa mujer con la que estuvo la noche anterior, además del delicioso sexo que disfrutó, lo valían por completo. Trataba de concentrarse en olores y sonidos, pero, aun cuando lo deseaba, no se podía concentrar en nada cuando recordaba al séquito de hombres que lo rodearon y apresaron.
Una sensación de asfixia se apoderó de él mientras escu