— ¿Tan mal te fue? —Marta la estudió con conmiseración—. Te advertí que te dolería más que a todos los Rivas juntos.
—Tenías razón. Cuando llegó el momento no pude hacerlo.
Marta la observó sorprendida. Se apartó los rizos de la frente y apoyó los codos en la mesa.
—En realidad, siempre pensé que no lo harías. Así que... ¿Qué pasará ahora?
—Estoy planeando todavía lo que voy a hacer.
— ¿No intentarás hacerlo más tarde?
—No. Si no lo dije anoche, no lo diré nunca. Me olvidaré de mis planes