Arturo se rio de nuevo. Estaba drogado, Vicente podía olerlo.
Vicente miró a Sofía y Arturo volteó rápido hacia él, y estrelló su puño en la mandíbula y le volteó la cara, y Sofía le gritó.
—¡Hijo de puta, no lo toques! —y comenzó a patearlo.
Vicente se frotó el lugar del impacto, y se enderezó sin esfuerzo.
—Solamente defiendo lo que es mío —dijo Arturo, empujando a Sofía, haciéndola caer de espaldas al suelo— ¡Y tú eres mía! —le gritó señalándola con el dedo
—¡Suficiente! —gritó Vicente moles