Un hombre encantador.
Erick Vargas alzó su copa con una sonrisa genuina al verla. El influyente inversionista lucía impecable en su traje a la medida y no ocultó su agrado al encontrarla en medio de la opulencia de Dubái.
—¡Pero qué grata sorpresa! No sabía que estaría engalanando este certamen —la saludó Erick con una voz profunda, notando sutilmente el brillo pastoso en los ojos de ella, aunque la compostura de Kateryn seguía siendo un templo de acero.
Sin darle tiempo a asimilar el encuentro, Erick la tomó su