El veneno de las palabras.
Kateryn soltó una risa seca, desbordante de una ironía filosa que cortó el aire del jardín. El alcohol le hizo arder las venas, dotándola de una valentía desafiante que derribó cualquier rastro de la prudencia. Dio un paso al frente, acortando la distancia con una mirada tan fría que lo hizo tensarse.
—¿Terminar cómo, Sebastián? —lo retó, siseando cada palabra—. ¿Con Alex en mi cama? ¿O peor aún... con un desconocido? Digo, con eso de que según tú soy una mujer ligera que se vende al hombre q