Hilos invisibles.
Alex caminó con paso firme. Kateryn estaba sonriendo nerviosamente, con los ojos en un vaivén entre el hoyuelo de Erick y ese par de jades que le habían hecho sentir unas extrañas cosquillas en el estómago.
—Señor Vargas, qué coincidencia encontrarlo aquí —Alexander no titubeó. Saludó a Erick con una cortesía helada, casi cortante, y de inmediato colocó una mano firme y posesiva en la cintura de Kateryn.
A lo lejos, Sebastián tensó aún más la mandíbula y giró la vista unos segundos hacia ot