Campo de batalla.
Kateryn respiró hondo, tragándose el nudo que le quemaba la garganta y enterrando la culpa bajo una capa de empatía profesional. Con un movimiento suave, deslizó un pañuelo de papel hacia Valeria.
—No te tortures de esa forma, eres una mujer realmente espectacular —tragó saliva para poder proseguir—. Si el señor Blackwood, no valora su esfuerzo, simplemente él no la merece.
Kateryn se sorprendió de su propio cinismo, las manos le sudaban, y su corazón latía lentamente por su hipocresía. S