32. Cóctel de emociones.
El resto de la jornada transcurrió bajo una neblina de monotonía. Kateryn trabajó como un autómata, procesando renders y ajustando escalas con una precisión robótica que no dejaba espacio para el error, pero tampoco para la vida.
Siguió cada instrucción de Sebastián al pie de la letra, aceptando sus correcciones sin una sola réplica, sin una mirada desafiante.
Sebastián, por su parte, sentía que se le quemaba la cabeza. Cada vez que endurecía la voz para intentar provocar una reacción en ell