Tensión compensada.
Kateryn pasó la noche en vela, con el eco de las palabras de Valeria perforándole la mente: «Él nunca puede decirme que no cuando me pongo... persistente». Cada vez que cerraba los ojos, la oscuridad proyectaba imágenes de Sebastián tomando a Valeria con la misma urgencia posesiva con la que solía tomarla a ella; sus manos recorriendo otra piel, su voz susurrando promesas en otro oído.
Al bajar de su habitación, con las ojeras marcadas y el alma en carne viva, el ambiente en la mansión Thorne