Cenizas en el paraíso.
Kateryn paró solo un segundo para respirar profundo y ahogar el gemido de sufrimiento en su garganta. Sebastián continuó avanzando un par de pasos más, pero al llegar a la puerta de cristal, notó que el guardia de seguridad del hotel lo observaba con una indiscreta extrañeza y desaprobación por no auxiliar a su acompañante herida. La mirada inquisidora de aquel hombre obligó al magnate a voltear hacia sus espaldas de forma instintiva.Fue ahí cuando sus ojos negros registraron el desastre: el