POV: Catalina
Mi teléfono seguro estaba apagado.
Después de que Dante se fuera saltando por el balcón, sentí que una parte de mí se apagaba con él.
Me quedé en el suelo de la suite, mirando el techo, vacía.
Pero el mundo no se detiene porque tengas el corazón roto.
El teléfono oficial, el que Khalid monitoreaba, vibró sobre la mesa de cristal.
No era una llamada. Era un mensaje de texto.
De un número que no tenía guardado, pero que mi memoria reconoció al instante.
MARIAM AL-RASHEED: Mi coche está abajo. Sube. Ven sola.
Leí el mensaje tres veces.
No había "hola". No había "por favor".
No era una invitación a tomar té. Era una citación judicial.
Sentí un escalofrío recorrer mi columna vertebral.
Me levanté y caminé hacia la habitación contigua, donde la Hermandad estaba reunida.
Layla estaba sirviendo café. Sera revisaba las noticias sobre el escándalo del embajador.
—Me ha llamado —dije, mostrando la pantalla.
Layla palideció al ver el nombre.
—Mariam —susurró—. Oh, Dios.
—¿Qué pasa? —