POV: Catalina
El Penthouse estaba a oscuras.
No había música. No había luces ambientales. Solo el resplandor frío de la ciudad entrando por los ventanales, recortando la silueta de un hombre sentado en el sillón individual.
Khalid.
Sosteniendo un vaso de cristal grueso.
El sonido del hielo chocando contra el vidrio fue lo único que saludó mi llegada.
—Cierra la puerta, Catalina —dijo.
Su voz no era fuerte. Era baja, vibrante, cargada de una violencia contenida que hizo que se me erizaran los vellos de la nuca.
Cerré la puerta.
El clic del cerrojo sonó como el martillo de un revólver.
—Siéntate.
Señaló el sofá frente a él.
Caminé despacio. Mis tacones se hundían en la alfombra. Me sentía como una condenada caminando hacia la silla eléctrica.
Me senté en el borde del sofá, con las manos juntas sobre el regazo.
—¿Qué pasa, Khalid? —pregunté. Mi voz tembló un poco. No tuve que fingirlo. El miedo físico a este hombre era real.
—Tú dime qué pasa —respondió él.
Se inclinó hacia adelante. La