POV: Vivienne
Londres amaneció gris. Un gris plomizo, serio, judicial.
Vivienne Delacroix-Salib ajustó el cuello de su gabardina Burberry mientras subía los escalones del Tribunal Superior de Justicia en el Strand.
No estaba sola.
A su lado caminaba Sir Arthur Pendelton, el abogado más despiadado en litigios internacionales de familia y fraude. Un hombre que cobraba mil libras la hora por destruir vidas con papel timbrado.
—¿Está segura, Madame Delacroix? —preguntó Sir Arthur, deteniéndose ante