POV: Zara
El proyector de la galería Qasr Al-Fan zumbaba.
Era el único sonido en la habitación.
Zara tenía las manos sobre el teclado, pero ya no tecleaba. Sus dedos estaban congelados sobre las teclas, suspendidos en un gesto de horror puro.
Frente a ella, en la pared blanca, se proyectaba el escritorio remoto de la nube privada de Khalid.
No era el servidor de la empresa. No eran las cuentas de las Islas Caimán.
Esto era peor.
Mucho peor.
Era un servidor fantasma alojado en un búnker de datos en Islandia, protegido por tres capas de encriptación biométrica que Zara había tardado seis horas en romper.
—¿Qué es eso, Zara? —preguntó Catalina. Su voz sonaba lejana, como si viniera de debajo del agua.
Zara tragó saliva. Le costó hablar.
—Lo llamé "La Caja Negra". Pero él... él lo llama de otra forma.
Zara movió el cursor.
Hizo clic en la carpeta principal.
El nombre del directorio brilló en letras mayúsculas:
COLECCIÓN / TROFEOS
—Ábrelo —ordenó Sera. Su voz era dura, pero Zara notó el te