POV: Catalina
El sonido era agudo. Ofensivo.
Bip-bip.
La pequeña máquina de pago parpadeó en rojo.
TRANSACCIÓN DENEGADA.
Sentí el calor subir por mi cuello. No era el calor de Dubái. Era el fuego de la vergüenza.
Estaba en la floristería del Mall of the Emirates.
Solo quería comprar un ramo de peonías blancas para la mesa del comedor. Una compra trivial. Irrelevante.
Ciento cincuenta dírham.
—Lo siento, señora Al-Rasheed —dijo la dependienta, bajando la voz como si me estuviera diagnosticando una enfermedad terminal—. A veces el sistema falla. ¿Tiene otra tarjeta?
Tragué saliva.
Saqué la tarjeta Black secundaria. La que Khalid me dio el día de nuestra boda con una sonrisa de "todo esto es tuyo".
La inserté.
Bip-bip.
CONTACTE CON SU BANCO.
La dependienta apartó la mirada.
Las dos mujeres que esperaban en la fila detrás de mí empezaron a susurrar.
Reconocí a una de ellas. La esposa de un arquitecto rival.
—¿Problemas de liquidez en el paraíso? —escuché que murmuraba.
Guardé las tarjetas