POV: Vivienne
El café en Zúrich sabía a ceniza.
O tal vez era la ansiedad que le quemaba la lengua a Vivienne Delacroix.
Estaba sentada en un banco frente al lago, lejos de las miradas curiosas. El viento helado le cortaba las mejillas, pero ella no se movía.
Esperaba.
Sera le había enviado un mensaje hace tres horas: "El canario ha cantado. El paquete está en camino."
Antoine Giroux, el arquitecto traicionado, había cumplido su parte del trato para salvar su pellejo. Había entregado la ubicación de la "caja de seguridad de emergencia" que Khalid mantenía oculta en Europa para sus asuntos más sucios.
Un mensajero en bicicleta se detuvo frente a ella.
No dijo nada.
Solo le entregó un sobre manila grueso, sellado con cinta de seguridad, y se marchó pedaleando bajo la lluvia fina.
Vivienne miró el sobre.
Pesaba.
Pesaba más que el oro. Pesaba más que los tres años de infierno que había vivido.
Sus manos, enfundadas en guantes de cuero negro, temblaban ligeramente al romper el sello.
Rasga