Regresé al penthouse con el corazón en la garganta.
Mis manos aún sentían el frío de las manos de Vivienne.
Pero mi mente estaba en llamas.
Tenía una misión. Tenía aliadas.
Entré en el salón.
Khalid estaba allí.
Sentado en el sofá de cuero blanco.
Con una copa de whisky en la mano.
No me miró cuando entré.
—¿Te divertiste? —preguntó.
Su voz era tranquila. Demasiado tranquila.
Me detuve en seco.
—Solo salí a dar una vuelta, Khalid. Necesitaba aire.
Él giró la copa. El hielo tintineó.
—Curioso —d