POV: Dante
El Palacio de Congresos de Barcelona zumbaba con el murmullo de mil conversaciones simultáneas.
Dante Moreno se aflojó el nudo de la corbata.
Odiaba estos eventos.
Odiaba los canapés fríos, el vino tibio y las palmaditas en la espalda de gente que hace un año no contestaba sus llamadas.
—Gran trabajo con el reportaje de Dubái, Moreno —le dijo un editor de un periódico nacional, pasándole el brazo por los hombros—. Ese premio Pulitzer está casi asegurado.
—Gracias —dijo Dante, forzando una sonrisa—. Solo hice mi trabajo.
—Destapar una red internacional de tráfico de armas y corrupción no es solo "trabajo", hombre. Es historia.
El editor se alejó hacia la barra libre.
Dante se quedó solo, apoyado en una columna de mármol falso.
Miró el premio de cristal que sostenía en la mano izquierda. "Excelencia en Periodismo de Investigación".
Pesaba.
Pero pesaba menos que los recuerdos que traía consigo.
Cada vez que miraba ese trofeo, no veía la gloria. Veía la sangre en la arena. Veía