POV: Dante
El vuelo desde Dubái había durado siete horas, pero a Dante Moreno le parecieron siete años.
Aterrizó en El Prat con una maleta pequeña y el corazón en la garganta.
Barcelona lo recibió con una luz dorada de tarde, esa luz mediterránea que no quema, sino que acaricia.
Tomó un taxi.
—A Gracia. Calle Verdi.
Mientras el taxi subía por la ciudad, Dante miraba por la ventanilla.
Atrás quedaban el desierto, los rascacielos de cristal y la violencia de la isla. Atrás quedaba la sangre en la