POV: Catalina
La policía rodeó a Khalid.
Lo levantaron de la arena. Le pusieron las esposas.
Él no se resistió. Parecía un muñeco de trapo al que le hubieran cortado las cuerdas. Lloraba en silencio, mirando a su madre, que le daba la espalda.
—Llévenselo —ordenó el oficial al mando.
Lo arrastraron hacia las lanchas.
Mariam no se giró para verlo irse.
Se quedó allí, apoyada en su bastón, mirando el mar oscuro como si fuera un espejo de su propia alma.
Nosotras, la Hermandad, nos quedamos en sil