POV: Catalina
El yate de Mariam, el Desert Rose, era ya solo una luz blanca y lejana en el horizonte negro.
El sonido de sus motores se había desvanecido, devorado por el oleaje suave que lamía la orilla de la isla.
Me giré lentamente hacia la playa.
Esperaba gritos. Esperaba que Khalid se levantara, corriera hacia el agua, maldijera al cielo, hiciera algo... algo propio del villano de ópera que siempre había fingido ser.
Pero lo que vi me detuvo el corazón.
No por miedo.
Sino por extrañeza.
Khalid no estaba de pie. No estaba corriendo.
Estaba sentado en la arena húmeda. Con las piernas estiradas de forma torpe, como un muñeco al que se le ha salido el relleno.
Miraba sus manos.
Las abría y las cerraba. Las abría y las cerraba.
Como si intentara agarrar algo que se le escapaba entre los dedos. Aire. O tiempo.
Los policías, que habían desembarcado con armas en alto, bajaron los cañones.
Incluso ellos, entrenados para reducir amenazas, se dieron cuenta de que la amenaza se había disuelt