POV: Catalina
El aire en la playa estaba cargado de sal, pólvora y silencio.
Khalid estaba de rodillas.
Dante me rodeaba con su brazo, protegiéndome. Sera sostenía su arma, aunque ya no apuntaba. Vivienne y Layla miraban con la solemnidad de un jurado.
Las luces de la policía parpadeaban en el agua, pero aún no habían desembarcado.
Estábamos en el ojo del huracán.
De repente, una figura se separó de las sombras de la villa.
No corría. Caminaba despacio, apoyándose en un bastón de ébano que se hundía ligeramente en la arena con cada paso.
Mariam Al-Rasheed.
Se había quedado en la casa cuando escapé. Había visto cómo su hijo intentaba matarme.
Ahora, bajaba a la playa.
El viento agitaba su túnica negra, haciéndola parecer un espectro de la justicia antigua.
Khalid levantó la cabeza al oír el bastón.
Chis... chis... en la arena.
Sus ojos, llenos de lágrimas y pánico, se iluminaron con una esperanza desesperada.
—¡Madre! —gritó—. ¡Madre, ayúdame!
Se arrastró hacia ella. Como un niño peque