106. Aquí, para siempre
Es el primero golpe de realidad para Altagracia. No parpadea, pero toma aire con fuerza, y recordando con claridad todo lo que Ignacio le ha pedido e incluso la propuesta de matrimonio.
La confesión de Gerardo se siente tan pesada e inverosímil que necesita sentarse, cerrando los ojos.
—Ignacio —repite Altagracia en un hilo de voz—. ¿Ignacio…?
—Te pediré, cielo, que de ahora en adelante no menciones ese nombre —Gerardo no se aparta de su lado. Lo único que hace es ayudarla a que tome asiento,