105. Un apellido aclamado en sangre
En Ciudad de México, Roberto Reyes apaga el televisor con el rostro pálido y las manos temblando. No existía posibilidad para él en el mundo que la muerte de su hija fuese una mentira.
Pero acaba de escuchar las noticias: su hija está viva.
Altagracia está viva.
No puede creerlo. Incluso el corazón de Roberto late con fuerza, y esa extraña felicidad dentro de su cuerpo entero lo carcome de pies a cabeza. Está en su oficina en Compañías Reyes, por lo que no puede tardar ni un minuto más en estar